Soluciones para la tensión cambiaria

  • Fecha: 2020-08-18
  • País: Argentina

La economía argentina enfrenta desafíos inéditos. En términos de prioridades es preciso hacer foco en la coyuntura, donde la principal urgencia es resolver la creciente tensión cambiaria. En particular, el ritmo de pérdida de reservas por parte del Banco Central en los últimos días exige una mirada constructiva.

Hasta aquí, la autoridad monetaria tuvo un enfoque de restricción de demanda para contener el nivel de reservas netas, elemento clave para hacer frente a este momento de turbulencias. Sin embargo continúan goteando día tras día para ubicarse hoy en u$s7.600 millones (u$s43.124 millones de reservas brutas, menos el swap con el Banco Central de China, encajes por depósitos en dólares, préstamo del Banco de Basilea y pases con Sedesa y entidades financieras), es decir, apenas superior a dos meses de importaciones.

Los habituales problemas de coordinación de la política fiscal, monetaria y financiera entre el Ministerio de Economía y el Banco Central dieron un primer empujón a esta situación. En efecto, la reducción de encajes para impulsar la colocación de créditos para el pago de salarios, al comienzo de la cuarentena, llevó la tasa de interés para plazos fijos mayoristas al 16%, y sin haber generado alternativas de títulos en pesos fue el lubricante para la ampliación de la brecha cambiaria. Si bien es cierto que esto se corrigió lentamente en los meses siguientes, el daño inicial nunca se pudo revertir. A partir de aquí se inició una serie de medidas de represión a la demanda de divisas que no han podido detener la sangría.

En este sentido se verifica que a pesar de las restricciones el Banco Central no pudo aprovechar la época de cosecha gruesa para acumular reservas, cuando la liquidación del agro totalizó unos u$s600 millones. En efecto, desde abril a la fecha, la autoridad monetaria no solo no pudo acumular sino que terminó vendiendo u$s1.629 millones. Así, las reservas netas se sostienen por debajo de los u$s8.000 millones, aun teniendo en consideración una revaluación de u$s1.000 millones de sus tenencias en oro.

Las vías por donde se le escurren divisas al Banco Central son diversas. En primer lugar, el diferencial entre el balance cambiario y el resultado del intercambio comercial presentó un “gap” importante en abril y mayo, superior a los u$s1.000 millones en ambos casos. Luego de las restricciones impuestas mediante la comunicación “A” 7.030, esto se revirtió. No obstante, con las flexibilizaciones en el acceso al mercado oficial de cambios de julio, este comportamiento se volvió a modificar, lo que se evidencia en que la autoridad monetaria volvió a vender divisas (-u$s568 millones en julio y –u$s507 en los primeros días de agosto vs u$s672 en junio).

Otro canal por el que se pierden reservas es por medio de la compra de divisas de ciudadanos, a través de los u$s200 mensuales autorizados para la compra del dólar solidario. De hecho, de poco más de un millón de personas que compraron dólares en abril pasaron a cuatro millones en julio.

Por último, es importante observar las monedas de la región por su relación con la evolución del tipo de cambio real multilateral. Si bien este último se ubica en niveles cercanos al promedio de las últimas décadas, cuando se revisa el tipo de cambio real bilateral con Brasil se advierte que las ganancias provenientes de las devaluaciones de los últimos dos años se perdieron en los últimos meses, un tema central para nuestros productos industriales.

Por el lado de la demanda de pesos, también la situación presenta vulnerabilidades en la generación de instrumentos en moneda local. Así, los depósitos del sector privado muestran un crecimiento de corto plazo y alta volatilidad. Mientras la variación acumulada desde el inicio de la cuarentena de los depósitos en cuenta corriente y cajas de ahorro ronda el 49% (30 días promedio móvil), aquellos a plazo se incrementaron un 23,6% en igual período (30 días promedio móvil). Aún más, incluso dentro de los plazos fijos, los que más aumentaron son aquellos mayoristas (41,5%) y a menos de 60 días (38,4%). A pesar del aumento de la tasa de plazos fijos al 33% para aquellos menores a un millón de pesos (2,7% efectiva mensual), el rendimiento de las colocaciones continúa siendo negativo frente a una inflación estimada de más de 50% para los próximos meses.

Resulta evidente que el camino para resolver esta encrucijada debe basarse en la expansión de la oferta y no persistir con un enfoque que profundiza el problema. Aquí vale la pena utilizar toda la capacidad creativa para poner sobre la mesa instrumentos contundentes. En primer lugar se debe apalancar la relación presidencial con la República Popular China para convertir a dólares la mitad del swap con su entidad monetaria, para “mostrar” capacidad de maniobra en esta coyuntura.

Gracias a la diplomacia presidencial ejercida en 2008-2009 se pudo acceder a la primera operación de este tipo por u$s10.600 millones. Esta fue una de las herramientas que le permitió al Banco Central superar con éxito la tensión cambiaria de ese año. Hoy debe volver a utilizarse ese “teléfono rojo” entre los presidentes de ambos países, tal como ocurrió en aquella oportunidad. Pero esto solo no alcanza. En segundo lugar, es preciso utilizar la cartera de títulos en dólares que posee la autoridad monetaria y ANSES para arbitrar la brecha cambiaria, a través de las operaciones MEP y CCL. Así, a través de una intensa operatoria diaria de venta de bonos se podrá disminuir el diferencial entre ambos mercados.

Tercero, “acordar” con las empresas comercializadoras de granos a adelantar pre-financiación de exportaciones sobre la cosecha 2021. Finalmente, ampliar y profundizar la oferta de títulos en pesos, con nuevos plazos e índices que lleven implícito cobertura de riesgos. Todo esto debe realizarse en forma simultánea y sincrónica. Si bien es cierto que estos instrumentos son solo coyunturales, la clave es complementarlo con un programa de estabilización que genere un sendero de nominalidad decreciente para todas las variables macroeconómicas. Este es el primer paso para restablecer la confianza necesaria en la política económica. Más aún, para generar un nuevo horizonte, Argentina debe comprometerse, además, a emprender un camino de transformación y modernización de su estructura productiva.

Una estrategia de esta dimensión debe sustentarse en la innovación como elemento diferenciador. El camino que se emprendió en 2007 con la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, debe profundizarse en conjunto con incentivos para programas en investigación y desarrollo del sector privado. Esto significa, impulsar una política permanente que priorice la inversión en conocimiento como eje de nuestro desarrollo.

Fuente: www.ambito.com/economia/banco-central/soluciones-la-tension-cambiaria-n5125663